Y yo que pensaba que esta vez estaba siendo diferente...
Que estaba manteniendo perfectamente el control por una vez en mi vida...
Que el círculo se había roto, por fin, y que había salido de la espiral en la que estaba atrapada...
¡Ja! Paso unas cuantas semanas fuera de mi entorno hostil y vuelvo a ser una ilusa.
Supongo que decir que me siento engañada, o decepcionada sería exagerar, y mucho. No es algo tan grave. Supongo que tan sólo estoy indignada conmigo misma. Es una cuestión de autocrítica. Por unos breves momentos me he dado el placer de cerrar los ojos y vivir en mi realidad alternativa pero eso es algo que no me puedo permitir. Quien camina con los ojos cerrados acabará, irremediablemente, chocando contra algo que le hará abrir los ojos de manera, casi seguro, dolorosa.
No, gracias. Yo ya aprendí la lección en su momento.
Pero ahora, todo el desorden mental que me ha provocado el darme cuenta de lo equivocada que estaba, me aporta algo positivo. La emoción de retomar viejas costumbres y la satisfacción (si es posible) del trabajo bien hecho. El saber que tengo un objetivo claro, marcado y fijo. Me gusta.
Me gusta tener esta sensación que creía odiar. Es contradictorio, claro, pero casi todo lo que hay dentro de mi cabeza lo es o lo ha sido en algún momento. Cuando hace unos tres años me encontré en esta misma situación, me sentí hastiada, y no fue hasta el último momento que mi impulsividad emocional me llevó a repetir de nuevo los errores, o aciertos, del pasado. Pero hace un rato, cuando he podido ver la realidad y me he dado cuenta de que estoy a punto de repetirlo una vez más... no he sentido hastío, ni tedio. Lo único que he hecho ha sido reírme de mí misma y esa risa cargada de sorna me ha dado unas fuerzas invisibles que antes no tenía. Unas fuerzas renovadas, llenas de entusiasmo e impaciencia.
Sí, estoy impaciente y decidida. Muy impaciente y muy decidida.
Acepto el reto.
Besos confiados,
No hay comentarios:
Publicar un comentario