sábado, 17 de noviembre de 2012
El arrullo de Orfeo
Hoy he vivido una regresión al pasado.
Tras una mañana lluviosa, gris y agotadora, necesitaba un poco de descanso. Aunque últimamente se está convirtiendo en una peligrosa costumbre el pasar las tardes metida en la cama.
El caso es que después de una comida abundante y un café recién hecho acompañado de las habituales tertulias que suelen transcurrir en la 108 a la hora de la sobremesa, necesitaba dormir un rato.
La verdad es que, por muy mala que sea la costumbre, adoro las tardes de sábado en las que el cielo está encapotado y yo me hundo en la calidez de mi cama y olvido que existe el tiempo y que tengo obligaciones y cosas realmente importantes que hacer.
Pero esa sensación que tanto me gusta, hoy ha tenido algo especial. Un matiz que no sabría describir con exactitud y que ha sido capaz de activar un mecanismo oculto en mi memoria.
Cuando ha llegado el momento de dejarse caer en los brazos de Morfeo, sólo quedábamos en la 108 las anfitrionas y nuestro tercer habitante. También se ha convertido en una costumbre que él se ponga a estudiar en mi mesa durante nuestras siestas a media tarde. Y mientras Iris y yo cerramos los ojos esperando abandonar la consciencia, él pone música.
Y hoy, al cerrar los ojos me he sentido transportada a un tiempo pasado que creía haber olvidado. Ha sido un recuerdo fugaz, pero tan vívido que parecía estar allí de nuevo, escuchando y sintiendo lo mismo que en aquel entonces.
El tecleo arrítmico de los dedos de Orfeo sobre las teclas del ordenador y la tranquila música que inundaba la habitación me han llevado muy lejos de aquí, a tiempos en los que no existían las obligaciones y las cosas importantes estaban muy lejos de ser realmente importantes. Me he sentido transportada a aquel verano en el que pasaba las horas leyendo bajo el sol.
Y el recuerdo que tengo grabado a fuego en mi memoria son esas tardes estivales, cuando me gustaba tumbarme en el pequeño sofá estampado del porche al resguardo del abrasador sol. Y a mi lado, sentada en una silla de mimbre, Lola escribía. Escribía con una pluma negra lacada que alguien le había regalado mucho tiempo atrás. Y yo me quedaba profundamente dormida entre el arrullo de la música clásica que ella tanto adoraba y el rasgar de la pluma sobre el papel.
Y esta tarde, los sonidos que atravesaban el silencio de la habitación a media luz me han producido la misma sensación de seguridad que me produjo estar tumbada junto a mi madre aquellas tardes de verano. No he podido evitar dormirme con una sonrisa dibujada en los labios.
Gracias por llevarme por unos instantes a un tiempo tan feliz, Orfeo.
Besos con sabor a verano,
martes, 6 de noviembre de 2012
Ña
¿Qué es un ña?
Ahora que me doy cuenta, creo que aún no había utilizado esa "palabra", mi palabra comodín, aquí en este blog. Y me he sentido rara al darme cuenta de ello. Porque siempre he considerado ña como algo que me define, algo que la gente asocia conmigo, algo que yo misma reconozco como una parte esencial de mi personalidad.
Puede sonar raro, de hecho, se podría calificar perfectamente como algo raro. No son más que dos letras del alfabeto que ni siquiera poseen un significado específico, os diréis. Pues no. Ña, amigos míos, tiene un significado. De hecho, tiene una cantidad enorme de significados.
Ña es indignación, es la respuesta perfecta a algo que no quieres escuchar, o a algo que no quieres decir. Ña es desacuerdo y también desinterés; es sorna y burla, es ironía, decepción, aburrimiento, una invitación, una queja o incluso una petición. Ña puede ser un no tajante o un sí dubitativo. Ña es una súplica y una concesión. Ña es todo y no es nada.
En definitiva, ña es lo que yo quiero que sea, expresa lo que necesito expresar a cada instante. Por eso es tan malditamente genial. Es flexible y se adapta a la perfección a mi personalidad cambiante.
Y ahora diréis... "resumiendo, ña no significa nada. Simplemente tú le das el significado que te conviene en cada momento..." y tendréis razón.
Pero eso no hace que sea menos increíble.
Besos con ña.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Cuestión de autocrítica, ¡ja!
Y yo que pensaba que esta vez estaba siendo diferente...
Que estaba manteniendo perfectamente el control por una vez en mi vida...
Que el círculo se había roto, por fin, y que había salido de la espiral en la que estaba atrapada...
¡Ja! Paso unas cuantas semanas fuera de mi entorno hostil y vuelvo a ser una ilusa.
Supongo que decir que me siento engañada, o decepcionada sería exagerar, y mucho. No es algo tan grave. Supongo que tan sólo estoy indignada conmigo misma. Es una cuestión de autocrítica. Por unos breves momentos me he dado el placer de cerrar los ojos y vivir en mi realidad alternativa pero eso es algo que no me puedo permitir. Quien camina con los ojos cerrados acabará, irremediablemente, chocando contra algo que le hará abrir los ojos de manera, casi seguro, dolorosa.
No, gracias. Yo ya aprendí la lección en su momento.
Pero ahora, todo el desorden mental que me ha provocado el darme cuenta de lo equivocada que estaba, me aporta algo positivo. La emoción de retomar viejas costumbres y la satisfacción (si es posible) del trabajo bien hecho. El saber que tengo un objetivo claro, marcado y fijo. Me gusta.
Me gusta tener esta sensación que creía odiar. Es contradictorio, claro, pero casi todo lo que hay dentro de mi cabeza lo es o lo ha sido en algún momento. Cuando hace unos tres años me encontré en esta misma situación, me sentí hastiada, y no fue hasta el último momento que mi impulsividad emocional me llevó a repetir de nuevo los errores, o aciertos, del pasado. Pero hace un rato, cuando he podido ver la realidad y me he dado cuenta de que estoy a punto de repetirlo una vez más... no he sentido hastío, ni tedio. Lo único que he hecho ha sido reírme de mí misma y esa risa cargada de sorna me ha dado unas fuerzas invisibles que antes no tenía. Unas fuerzas renovadas, llenas de entusiasmo e impaciencia.
Sí, estoy impaciente y decidida. Muy impaciente y muy decidida.
Acepto el reto.
Besos confiados,
Que estaba manteniendo perfectamente el control por una vez en mi vida...
Que el círculo se había roto, por fin, y que había salido de la espiral en la que estaba atrapada...
¡Ja! Paso unas cuantas semanas fuera de mi entorno hostil y vuelvo a ser una ilusa.
Supongo que decir que me siento engañada, o decepcionada sería exagerar, y mucho. No es algo tan grave. Supongo que tan sólo estoy indignada conmigo misma. Es una cuestión de autocrítica. Por unos breves momentos me he dado el placer de cerrar los ojos y vivir en mi realidad alternativa pero eso es algo que no me puedo permitir. Quien camina con los ojos cerrados acabará, irremediablemente, chocando contra algo que le hará abrir los ojos de manera, casi seguro, dolorosa.
No, gracias. Yo ya aprendí la lección en su momento.
Pero ahora, todo el desorden mental que me ha provocado el darme cuenta de lo equivocada que estaba, me aporta algo positivo. La emoción de retomar viejas costumbres y la satisfacción (si es posible) del trabajo bien hecho. El saber que tengo un objetivo claro, marcado y fijo. Me gusta.
Me gusta tener esta sensación que creía odiar. Es contradictorio, claro, pero casi todo lo que hay dentro de mi cabeza lo es o lo ha sido en algún momento. Cuando hace unos tres años me encontré en esta misma situación, me sentí hastiada, y no fue hasta el último momento que mi impulsividad emocional me llevó a repetir de nuevo los errores, o aciertos, del pasado. Pero hace un rato, cuando he podido ver la realidad y me he dado cuenta de que estoy a punto de repetirlo una vez más... no he sentido hastío, ni tedio. Lo único que he hecho ha sido reírme de mí misma y esa risa cargada de sorna me ha dado unas fuerzas invisibles que antes no tenía. Unas fuerzas renovadas, llenas de entusiasmo e impaciencia.
Sí, estoy impaciente y decidida. Muy impaciente y muy decidida.
Acepto el reto.
Besos confiados,
viernes, 2 de noviembre de 2012
Lucha de gigantes
Y aquí tenemos una canción nueva. Una preciosa colaboración de Santi Balmes con Zahara. Un grato y reciente descubrimiento que me emociona hasta extremos insospechados... aunque no sabría explicar muy bien por qué.
Otro tema para añadir a mi lista de favoritos de John Boy, de quienes soy fan incondicional.
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Lucha de gigantes, convierte
el aire en gas natural.
Un duelo salvaje advierte
lo cerca que ando de entrar.
En un mundo descomunal
siento mi fragilidad.
Vaya pesadilla, corriendo
con una bestia detrás.
Dime que es mentira todo,
un sueño tonto y no más.
Me da miedo la enormidad
donde nadie oye mi voz.
Deja de engañar
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.
Monstruo de papel,
no sé contra quien voy.
¿O es que acaso hay alguien más aquí...?
Creo en los fantasmas terribles
de algún extraño lugar.
Y en mis tonterías para
hacer tu risa estallar.
En un mundo descomunal
siento tu fragilidad.
Deja de engañar
no quieras ocultar
que has pasado sin tropezar.
Monstruo de papel,
no sé contra quien voy.
¿O es que acaso hay alguien más aquí...?
Deja que pasemos sin miedo.
Deja que pasemos sin miedo.
Deja que pasemos sin miedo...
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Besos con sabor a enormidad.
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