Paradójicamente, adoro el otoño y disfruto horrores viendo cómo los árboles van tiñendo sus ropas para acabar deshaciéndose de ellas y quedar, al fin, desnudos para el frío invierno. Adoro el otoño y sin duda es mi estación favorita aunque también es, con diferencia, la estación en la que más sufro. Puede que me guste torturarme a mí misma; quizás disfruto secretamente con el dolor que anida en mí todos los otoños. El otoño es tan nostálgico, tan hermosamente triste, que no puedo evitar sentirme tristemente alegre, por muy absurdo y contradictorio que esto pueda sonar. Soy una chica hecha de contrastes, que le vamos a hacer.
Pero este otoño está siendo nuevo para mí. Este otoño es mucho, muchísimo más colorido que todos los que he vivido desde el 2004. Y no sé muy bien cómo me siento al respecto.
Hace un par de horas lo comentaba con Ares. Sin extenderme mucho y sin entrar en todas estas paranoias personales sobre el otoño, le dije que me sentía diferente. Creo que textualmente fue algo así:
- Hoy necesitaba un abrazo. He tenido una tarde un poco tonta.
- ¿Por qué?
- No lo sé. Me siento rara. Como que he vuelto un poco a mi antigua forma de ser.
- ¿A qué te refieres?
- Es que yo no suelo ser así. Yo nunca he sido tan risueña ni tan simple. Yo siempre he sido una persona mucho más fría... mucho más gris. Pero ahora, como estoy rodeada de tanta gente alegre, de algún modo me lo están contagiando y mi vida tiene mucho más color. Pero es una sensación muy rara. No sé muy bien como explicarlo.
- Te extrañas a tí misma, ¿no?
- Sí, supongo que es algo así...Y con unas pocas palabras, él me ha entendido a la perfección y ha sabido aliviar esta extrañeza que me invade el cuerpo y el alma. Ha podido calmar la inquietud que he sentido durante toda la tarde. Supongo que será una de sus habilidades, quizás sólo se trata de que su nivel de empatía es muy superior a lo que me imaginaba, o puede que a él le pase algo parecido...
El caso es que, a pesar de lo rara que me siento, a pesar de lo extraño que es para mí vivir un otoño tan colorido y tan lleno de vida, estoy contenta. A pesar de que la nostalgia sigue estando patente en cada hoja de color pardo, en cada ráfaga de aire otoñal; no todo es añoranza.
En estos días de reflexión no puedo evitar acordarme de Lola. Ella amaba los otoños más incluso que yo. Ella los disfrutaba plenamente y los plasmaba en pequeños cuadernos; sus cuadernos de otoño que tanto me gusta releer una y otra vez. Y ahora, mientras vivo este otoño de 2012 tan vivaz y tan atípico, creo que ella estaría feliz de saber que yo también puedo sonreír abiertamente durante esta estación de paso. Estoy segura de que, de algún modo, se sentiría orgullosa al ver que su pequeña ha aprendido a ver los otoños con unos ojos llenos de color. Al ver que estoy aprendiendo a ver y sentir los otoños como ella lo hacía.
Con una nostálgica y dulce pasión.
Besos con sabor a nuevos colores.